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El Bloque Caribe de las extintas Farc-EP, como otras estructuras de la guerrilla, debía financiar su operación y enviar hasta dos millones de dólares al secretariado cada dos años. Para lograrlo, recurrió al secuestro con fines económicos, además de actividades como el contrabando de gasolina en la Serranía del Perijá, el narcotráfico, las extorsiones a ganaderos y empresas transportadoras, y la compraventa de café y oro. Como parte de esta estrategia financiera, el Bloque Caribe implementó las llamadas ‘pescas milagrosas’: retenes viales donde detenían vehículos privados y de servicio público de forma indiscriminada. En ese mismo momento, preguntaban por el patrimonio económico de cada una de las personas y, dependiendo de ello, las dejaban ir o las mantenían secuestradas hasta que pagaran por su liberación. La Sala de Reconocimiento de Verdad de la JEP encontró que la mayoría de los secuestros del Bloque Caribe tuvo fines económicos, y uno de los sectores más golpeados fue el ganadero. Los secuestrados fueron víctimas, además, de otros crímenes en medio del cautiverio como homicidio, tortura, tratos crueles y degradantes. Asimismo, la JEP encontró que muchas de las víctimas no tenían dinero para pagar lo que pedía la antigua guerrilla por su liberación y eso incrementó el sufrimiento de las familias de los secuestrados.